lunes, 17 de diciembre de 2018

De sistema de orquestas en Venezuela a Tocar en el tren de Buenos Aires

Arianny Valdespino es una ciudadana más de la diáspora venezolana. Trabaja en el metro de Buenos Aires tocando el cuatro mientras espera sus documentos universitarios para ejercer su profesión en Argentina. Hacer de artista callejera, luego de haber pasado por el sistema de orquestas en Venezuela, le ha hecho entender que la música nada tiene que ver con el reconocimiento.





Arianny se levanta rigurosamente de martes a viernes a las 5:00 de la mañana para ir a trabajar. Su oficina e instrumentos de laburo distan mucho de los que cualquiera podría imaginar. No usa papeles, ni carpetas, ni bolígrafos. Se viste con jeans ceñidos, camisas cómodas, zapatos de goma y un suéter por si el frío aprieta. Su lugar de trabajo es concurrido y volátil. Su oficio es un reflejo de la atípica realidad que ha vivido desde diciembre de 2016, cuando decidió salir de Venezuela.
Acompañada de un cuatro y un parlante, Ari toca en el subte de Buenos Aires seis veces a la semana: ese es su trabajo. Lo hace desde febrero de 2017, cuando llegó a esta ciudad. La conocen como La chica del cuatro o La venezolana. Aunque para los porteños es una más de los casi 100 mil venezolanos que se han radicado en Argentina en los últimos 12 años, también forma parte de los 2.600 artistas callejeros que muestran su arte en los espacios concurridos de la París de América.
Sin importar el grupo que integre, se percibe a sí misma como El pajarillo que describe el cantante venezolano de música llanera Luis Silva, porque, como dice la letra, dedica sus tonadas a su patria y a su bandera. Cuando La chica del cuatro interpreta los acordes de Moliendo caféPajarillo o el Alma Llanera, eriza la piel y produce la sensación de que el corazón se detiene.

La música, su pasión

A los 12 años, una prima le regaló un cuatro y aprendió a tocarlo. En bachillerato formó parte de la banda escolar, tocando el cuatro y luego la guitarra. Sin embargo, su formación musical se inició alrededor de los 18 años, cuando ingresó al afamado sistema de orquestas de Venezuela, en el núcleo de Valencia —capital del estado Carabobo, en la región central del país—. Aunque le gustaba el violín, la edad la obligó a encariñarse con el contrabajo.
Formó parte hasta 2014 cuando comenzó a desplomarse la economía del país. Ansiaba terminar sus estudios universitarios y pagarlos: tuvo que decidir entre trabajar o seguir dentro del sistema. Optó por lo primero y consiguió trabajo en una farmacia. Allí estuvo hasta octubre de 2016, poco antes de graduarse como licenciada en formación musical. Para ese entonces su sueldo estaba un poco por encima del salario mínimo, fijado entonces por el gobierno en 22.500 bolívares (unos 15 dólares a la tasa de cambio paralela). La crisis seguía apretando. En noviembre de 2016, se decretó un tercer aumento salarial y los dueños de la farmacia decidieron reducir el personal.
Texto y Fotos: Oswaldo Avendaño / Vía La Vida de Nos

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